En muchas ocasiones se habla de la gestión integral del cultivo como una cuestión sencilla, en el que pequeñas acciones de mantenimiento suponen el control de la plantación, pero una correcta gestión va mucho más allá. Una explotación agrícola es un negocio como otro cualquiera, y el control de todos los parámetros posibles es una obligación en cualquier empresa del siglo XXI, de modo que se eliminen riesgos innecesarios y las decisiones se tomen basadas en cuestiones técnicas y económicas. Solo de esta manera conseguiremos tener una plantación eficiente, es decir, que aumenta los resultados hasta el máximo posible.

Gestión integral del cultivo para maximizar la rentabilidad

Una gestión integral, como su nombre indica, supone el control de todos los parámetros que influyen en el desarrollo de nuestro proyecto de cultivo de pistachero, almendro u olivo, siempre en busca de la máxima rentabilidad de la plantación. En general, toda plantación, salvo que sea gestionada de manera irresponsable, acabará siendo rentable con el paso de los años. De lo que se trata, sin embargo, es de maximizar la eficiencia, de modo que la inversión sea recuperada lo antes posible y que los beneficios que aporte en el futuro sean lo más amplios posibles. No es necesario explicar que amortizar una plantación un año antes de lo habitual, por ejemplo, es un gran aumento de la rentabilidad, o que si aumentamos un 20 % la eficiencia de nuestros recursos el resultado puede variar notablemente. Todo pequeño ahorro o aumento de la eficiencia en pequeños aspectos supondrá, año tras año, una mejora en la producción económica de nuestro proyecto agrícola. Es evidente que una pequeña mejora, que se refleja en un pequeño porcentaje económico año tras año, supone un alto montante económico con el paso de los años. Si esta “pequeña mejora” no es solo una, sino que es cada aspecto sobre el que podemos actuar, los beneficios acumulados a lo largo de los años pueden suponer una altísima diferencia.

Planteamientos previos a la plantación

Por lo tanto, si queremos tener una plantación eficiente, el primer paso es planificarla correctamente. Aunque muchos agricultores no le dan la importancia que merece, se trata de un punto vital, ya que de ello depende todo el desarrollo posterior de nuestro proyecto económico. Si pensamos en una plantación de pistacho, por ejemplo, es muy habitual, desgraciadamente, que el agricultor decida la variedad a plantar simplemente por la costumbre en su zona, el consejo de otra persona (basado normalmente en su experiencia propia) o simplemente porque según su criterio es la variedad adecuada. Sin embargo, con la realización de un estudio previo del terreno y otras cuestiones técnicas, la decisión se basará en criterios científicos, no en opiniones de una u otra persona. Son muchos los aspectos que intervienen en esta decisión, pero habitualmente, si omitimos los estudios previos, acabamos centrándonos en el clima de la zona como principal indicador, cuando hay muchos otros factores que influyen de manera determinante en el resultado final de nuestra plantación. Y no nos olvidemos, cuando hablamos de una inversión agrícola aumentar la rentabilidad es el objetivo primordial de toda la planificación.

Estudio técnico y proyecto económico

Como decíamos antes, el estudio técnico y el proyecto de viabilidad tendrán en cuenta todos los factores que pueden influir, aunque sea mínimamente, en la rentabilidad futura de nuestra plantación. El estudio de la pluviometría de la zona y la previsión venidera, la composición del suelo y su salinidad, las horas de sol y de frío en la comarca, y un largo etcétera de cuestiones técnicas nos darán la clave para seleccionar el cultivo más rentable para nuestra zona. En primer lugar, nos permitirá definir si nuestra finca es más apta para el cultivo de pistachero, almendro u olivo, por ejemplo, en sus diferentes opciones según el caso (tradicional, intensivo o superintensivo). Y de manera aún más concreta, nos dirá si nuestro portainjerto de pistacho, por ejemplo, debe ser Cornicabra o UCB1, la planta macho debe ser Peter o C-Especial, o si la hembra debe ser Kerman o Sirora. Como vemos, las posibles combinaciones son muy numerosas, y por tanto la posibilidad de equivocarnos es también muy alta si basamos la decisión en nuestra intuición. La ingeniería agrícola es la clave para afrontar estas decisiones y las futuras con todas las garantías científicas. Afortunadamente, la ciencia nos permite hoy en día controlar infinidad de aspectos de nuestra empresa agrícola, sin necesidad de esperar varios años para saber si las decisiones han sido las correctas. Con un estudio técnico, las previsiones nos permiten adelantarnos al tiempo y saber qué elementos, de entre todos los posibles, nos darán los mejores resultados.

Gestión integral del cultivo

Y como todos sabemos, la gestión de una plantación requiere muchas acciones a lo largo de los años, más allá de la planificación previa. Con el paso del tiempo, es necesario un control técnico continuo para ir corrigiendo posibles desviaciones en nuestros árboles. Cuestiones como el riego en función de las lluvias, la poda de formación del pistacho (u otros leñosos), la aplicación de fitosanitarios o los trabajos a realizar en el suelo influyen, como hemos dicho, de manera notoria en el aumento de la rentabilidad. Si pensamos en grandes empresas por todos conocidas, pensamos que estas tienen controlados todos los parámetros de su producto, como son la producción, el precio de venta, distribución, presentación del producto y un largo etcétera de cuestiones que hacen que ese producto sea rentable. ¿Por qué no hacer nosotros lo mismo? En lugar de dejar la mayoría de cuestiones al azar o la tradición, podemos convertir nuestra plantación agrícola en un negocio del siglo XXI, exprimiendo cada euro invertido en nuestra tierra para lograr el mayor beneficio posible.